AGRO versus INDUSTRIA


Quinta charla del Cursillo de Economía Criolla
¿Agro versus Industria?

Don Zoilo no podría jamás comprender la supuesta antinomia entre agro e industria, que tan separados nos tiene a los argentinos, ya que en definitiva, la palabra industria desde antiguo había significado el trabajo que debe aplicarse para procesar las materias primas.
Así, un ladrillo criollo, que se hace con tierra, agua, paja, bosta, leña y trabajo de gente de campo ¿no es acaso un producto tan agropecuario como el que más? ¿por qué diablos se lo consideraría industria? ¿acaso los hornos de ladrillos no solían construirse en los mismísimos campos, sobre el terreno, cuando se los necesitaba para emprender cualquier construcción?
Esta “confusión mental” de los economistas argentinos permitió esa artificial división que lleva a la absurda antinomia “agro versus industria”, que aún mantienen vigente los sectores más retardatarios del país, y que fue uno de los principales motivos de la decadencia nacional. Veamos hoy, la mismísima y tradicional Sociedad Rural Argentina: ¿no se ha convertido en un mero shopping comercial en su predio de Palermo, desnaturalizando su origen fundacional?
Esta falsa antinomia entre agro e industria posiblemente comenzó en los años treinta, cuando los gobernantes dirigistas dictaron una serie de medidas para intentar fortalecer al sector agrario, y mantener sus privilegios, imponiendo una serie de medidas económicas arbitrarias, es decir, que no surgían del libre mercado (como juntas reguladoras de precios de granos), que a la larga distorsionaron la economía.
¿Cuál es el problema verdadero del agro argentino hoy? Son varios, obviamente, pero podemos hablar de dos: uno, que es una fuente permanente de ingresos para el Estado Nacional, Provincial y Municipal, de modo que cada vez debe absorber mayores impuestos. Otro, que como cada vez hace falta menos gente para producir la misma cantidad de productos – debido a la mejora tecnológica en maquinarias, semillas y otros elementos químicos – el campo se va “despoblando” y la gente debe acercarse a los pueblos y ciudades para poder conseguir trabajo. Recordemos que doscientos años atrás quizás el ochenta por ciento de la población debía trabajar para producir la comida, pero que hoy se puede “alimentar” a toda la sociedad, y encima exportar el sobrante, con el trabajo de una parte mucho mas pequeña de la población. ¿Cuántos son los argentinos que hoy producen “comida” básica, es decir, granos, carnes y lácteos? ¿alcanzarán al diez por ciento de la población? Por eso, en todos los países, el sector “servicios” es el que crece constantemente.
Por lo tanto, ese “exceso de gente”, que ya no hace falta para producir los elementos primarios del campo, necesita ir encontrando nuevas fuentes de trabajo, y esto normalmente se hace en lugares donde hay grupos de personas, donde funciona el “principio de la división del trabajo”. De allí el desarrollo a lo largo de la historia de Occidente primero, de los pequeños pueblos, y luego, de las ciudades…..
En un país normal y sensatamente organizado, la gente naturalmente trabaja para producir aquellas cosas que realmente son necesarias en el mercado. Existe para ello un orden natural, que comenzaría, más o menos, así: 1)agua, 2) comida,3) techo, 4)vestimenta, 5) combustible, 6) transporte, etc…….
Si Argentina no hubiera sido distorsionada por leyes dirigistas equivocadas, que comenzaron con los conservadores en los años treinta, y siguieron con leyes laborales demagógicas del peronismo, a partir de los cuarentas y continúan hasta hoy, posiblemente la mayoría de los recursos humanos que iban quedando liberados cuando la tecnología permitió producir mas productos agrarios básicos con menos gente, se hubieran canalizado hacia la producción de los rubros 3), 4), 5), 6) y otros más. Y hoy tendríamos un país con viviendas dignas, con empleo total, con un pueblo que contaría con buenos medios de transporte, …..etc.
Pero lamentablemente, el “sobrante humano” no pudo canalizarse conforme a ese “orden natural”, ya que desde los sucesivos gobiernos dirigistas se intentó “industrializar” forzadamente a nuestro país, en beneficio de unos pocos industriales que obtenían monopolios de producción (y conseguían que el Estado cerrara las fronteras a la competencia importada mediante altos impuestos aduaneros). El precio resultó muy alto: no se construyeron las viviendas, que hubiera sido el paso siguiente, mucha gente tuvo que invadir las ciudades grandes y comenzaron los asentamientos precarios llamados villas miserias, y luego el desorden continuó y llegamos al punto actual.
¿Cómo se revierte esta situación? Simplemente, permitiendo que ese terrible faltante social, la escasez de viviendas (posiblemente el tercer rubro en la escala de las necesidades argentinas) comience a desarrollarse en libertad, suprimiendo todo tipo de impuestos a los productos básicos: ladrillos, cal, cemento, arena, maderas, etc. Y dictando leyes para laborales de emergencia para que cualquiera que quiera convertirse en “empresario” de la construcción pueda hacerlo sin temor a ser perseguido por las leyes laborales, sindicales o previsionales, como hoy suceda.
De esta forma, el “agro” volverá a producir ladrillos criollos en el interior del país, y esto generará actividad en los pueblos, porque trabajarán los albañiles. Y provocará demanda en las ciudades industriales, porque aumentará la demanda de otros productos mas “tecnificados” de la construcción: puertas, ventanas, caños, artefactos eléctricos, artefactos sanitarios, ……. Y esto provocará un aumento del empleo, y de la riqueza, de modo que crecerá la economía nacional. Lo cual a su vez, hará que el Estado no tenga que mantener a tantos desocupados, y bajarán sus gastos, a la par que aumentan sus ingresos. Y esto, en definitiva, significará que SE PODRÁ ALIVIAR AL CAMPO DE SU ACTUAL PRESIÓN IMPOSITIVA, de modo que los empresarios rurales podrán capitalizarse e ir invirtiendo en su propio campo o en otros rubros vinculados, con lo cual poco a poco irá mejorando la organización de la sociedad: incluso, mejorará la enseñanza, porque habrá mas recursos para las escuelas de los pueblos, y también mejor atención hospitalaria y de la salud.
Obviamente, don Zoilo sería un admirador de aquel otro “criollo” escocés, Adam Smith, que tan bien explicó cómo el agro y la industria se favorecen recíprocamente, y por eso, pondría en práctica sus enseñanzas para asegurar la libertad de trabajo: iría limpiando las “acequias” y las “cañerías”, es decir, suprimiría los obstáculos (leyes y restricciones que lo IMPIDEN) para que el Trabajo Humano, el impulsor de toda la riqueza, se canalice en forma fluida por todo el territorio nacional. Y así termine esta etapa decadente argentina, donde al ser humano se lo ha apartado del circuito del trabajo, de modo que no sufre sólo penurias económicas, sino espirituales y morales, porque se siente marginado por culpa de los pésimos gobernantes que gobiernan para sí, y no para el conjunto de la sociedad.
FIN DE LA QUINTA CHARLA

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