EL MITO DE LA JUBILACIÓN (2001)


OCTAVA CHARLA del Cursillo de Economía Criolla

EL MITO DE LA JUBILACIÓN

Para don Zoilo, el sistema jubilatorio argentino actual es el resultado de un mito que en su momento fue aprovechado por los demagogos para conseguir votos, pero que en la práctica no condice con la realidad. Esto consiste en que se hace creer a la gente que el día en que se jubile, habrá solucionado sus problemas económicos, porque “la sociedad” tiene una deuda con ellos, ya que es la recompensa a sus “duros años de lucha”.

La realidad es que el sistema jubilatorio argentino está en bancarrota, y el Estado Nacional debe aportar miles de millones de dólares -¿fueron cerca de veinte mil millones en el 2000? – al año porque las cuentas no cierran, y esos fondos salen necesariamente de la propia sociedad, ya que se los quitan en forma de impuestos cada vez mas elevados.

El sistema de jubilaciones privadas a través de las AFJP tampoco se hizo teniendo en cuenta los intereses de los que aportaban los fondos, sino pensando en cómo lograr que algunos empresarios pudieran lucrar manejándoles sus ahorros, y en los hechos vemos que están cobrando una “comisión” desproporcionada, que se lleva una parte excesiva de ese forzado ahorro popular. En algunos países “serios”, como Francia, el aporte jubilatorio se va invirtiendo en forma tal que vaya creciendo, y un rubro importante es en FORESTACIÓN: aunque allá tardan más tiempo en crecer los árboles que en Argentina, por razones climáticas, igualmente el incremento de valor de un arbolito recién planteado a lo largo de treinta años es una capitalización “inmovilizada” en forma real y efectiva, y por lo tanto, menos expuesta a los manotazos de los “administradores” del ahorro popular.

Pero la peor parte del sistema jubilatorio argentino no es tanto el engaño que se ha hecho a la gente, que al jubilarse sufre penurias, ya que – aunque sea duro decirlo – tendremos que bancárnosla, porque Argentina ha tenido los gobiernos que nos merecimos, y esta generación de jubilables somos corresponsables de nuestros desgobiernos nacionales, ya que hemos mayoritariamente elegido a gobernantes demagógicos y corruptos -sino que la persistencia en el tiempo de la obligación de hacer aportes jubilatorios forzosos está causando un COSTO INDIRECTO AL TRABAJO que perjudica a los sectores menos capacitados y cultos del país: impiden que el patrón y el trabajador se pongan de acuerdo para fijar un salario, y que de esa forma opere la Ley de la Oferta y la Demanda, de modo que los salarios se fijen en el justo punto de equilibrio en el cual la demanda y la oferta de mano de obra hagan que la tasa de desempleo se aproxime al nivel cero, es decir, que se iguale. Aunque obviamente, siempre tiene que haber algo de desempleo, (digamos, entre un uno y un tres por ciento), porque permanentemente la gente tiene que ir cambiando de trabajo, a fin de encontrar mejores oportunidades. Y esta movilidad laboral favorece tanto al trabajador como al patrón: eficientiza los recursos humanos.

Lamentablemente, la realidad dura: los números de las cajas de jubilaciones no cierran. Pero esto no debe ser un IMPEDIMENTO PARA QUE ARGENTINA LLEGUE AL PLENO EMPLEO CUANTO ANTES.

¿Cómo resolverlo? Simplemente, suprimiendo los aportes jubilatorios para los salarios mas modestos, digamos, hasta trescientos o cuatrocientos pesos mensuales, durante un plazo de digamos, tres años, y sin que estos años se computen como antigüedad. Al principio, puede graduarse esto en base al nivel del sueldo: los sueldos superiores a trescientos o cuatrocientos seguirían efectuando aportes jubilatorios, y los menores no.

Esta medida produciría una reactivación inmediata de la demanda de mano de obra, porque se bajarían los costos al suprimirse el costo indirecto de la jubilación, y de paso, también se suprimiría la obligatoriedad del aporte sindical, dejando a salvo el derecho de los trabajadores que quieran voluntariamente hacerlo, si creen que los sindicatos realmente velan por sus intereses.

Esta reactivación aumentaría la producción nacional, y los tres años extras que deberían esperar aquellos trabajadores que no tienen aportes, no incidirían demasiado en la realidad económica: igualmente quienes se jubilan a los 65 años de edad tienen que seguir trabajando porque la magra jubilación no les alcanza, de modo que trabajar tres años extra posiblemente a muchos les resultará mas ventajoso.

En el ínterin, habría que ir pensando en un sistema jubilatorio diferente, no basado en la demagogia, sino en un sistema que realmente permita que quien decide aportar dinero voluntariamente para tener algún beneficio, no sea estafado por el sistema, tal como ha sucedido invariablemente desde hace mas de medio siglo.

La globalización va mostrando un cambio importante en la organización del trabajo: cada vez será mas difícil que una persona entre a trabajar a una empresa y se jubile en ella después de treinta o cuarenta años. La gran mayoría de la gente cambiará de empleo, y buena parte de las empresas cerrarán. Lo que pareciera tener mayores posibilidades en el futuro es un sistema asociativo diferente entre patrones y empleados, que se irá aproximando más a una relación de “no dependencia”, tipo la que hoy desarrollan los profesionales que trabajan por cuenta propia.

Consiguientemente, el sistema jubilatorio debe modificarse para impedir que sea, como lo es hoy, un impedimento para que los desocupados puedan conseguir trabajo: esto perjudica a todos, y es algo que ya no va mas.

¿Suena duro y despiadado don Zoilo? Su filosofía es “cuando no hay, no hay” y ha aprendido a lo largo de demasiadas décadas que los políticos y los economistas saben bien como multiplicar los peces propios, pero no los de la sociedad que administran. La “magia” no es solución. Pero si el país crece, aprovechando el trabajo de sus habitantes, habrá mas riqueza y por ende, podrá encontrar una forma de ayudar a los verdaderamente necesitados, dejando de lado los sistemas demagógicos actuales, y creando un servicio de ayuda social totalmente diferente, como los que existen en países civilizados y ricos.

Fin de la octava charla de la ex inclturaargentina.com.ar

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