EL TRABAJO ES UN “FLUIDO PESADO”


CHARLA Nº 48 DEL CURSILLO DE ECONOMÍA CRIOLLA

25-7-01

                                    Los economistas argentinos aparentan desconocer que el TRABAJO es un fluido que tiene características de comportamiento similar a la de los “fluidos pesados”,  los que son atraídos hacia el centro de la tierra  por la Ley de la Gravedad.

 

                                  Desde esta óptica, intentaré explicar mi sensación de asombro cuando veo  desconocimiento respecto de  un fenómeno de “energía física” tan elemental como el trabajo humano.

 

 

EL AGUA Y  EL TRABAJO SE PARECEN

 

 

                         En ¿Dónde están los Estadistas?, al comienzo,  recordaba a la figura del regante por acequias, que debe respetar a la Ley de la Gravedad, y en consecuencia, nivelar y despejar de obstáculos el terreno para que el fluido acuático acuda hacia los sitios deseados. Y señalaba que así imagino a la función de un Estadista: mirar hacia el “conjunto”, y remover estorbos o impedimentos para que otro fluido – igualmente importante que el agua,  el Trabajo Humano -,  también pueda canalizarse lo mas  libremente  posible, para lograr determinados objetivos.

 

                        Esto muestra  que  el Regante y el Estadista tienen algo en común: ambos conocen y RESPETAN ciertas reglas o leyes que corresponden al Superior Orden Natural. Así, al regante normalmente NO SE LE OCURRE intentar que las aguas corran hacia arriba, porque sabe que la ley de la gravedad las impulsa (sin esfuerzo físico de él) hacia los puntos mas bajos del suelo. Y al Estadista normalmente no se le ocurre que los humanos están dispuestos a trabajar para empeorar su situación, pues sabe que la gran mayoría aspira a mejorarla, y a cambio de eso desarrolla esa actividad productiva práctica que conocemos con el nombre de TRABAJO.

 

                       Por lo tanto, la funciones de ambos coinciden como mínimo, en:   

                                                                     

a)      buscan lograr objetivos concretos (el primero, una buena cosecha, el segundo, el bienestar de la Tribu) y

 

b)      ambos tienen la habilidad de aprovechar la terrible energía de la Naturaleza, que es infinitamente mayor que la propia de ellos dos, para que esa tarea se realice de la mejor manera posible. 

 

El regante, como buen agricultor, aprovecha todos los aspectos favorables de la Naturaleza: el clima, las aguas, el tipo del suelo, el conocimiento sobre que semillas hay que cultivar y cuales malezas apartar, ….etc., y con esto normalmente obtiene un resultado mas favorable que si se limita a arrojar la simiente al azar en cualquier sitio y sentarse meses a esperar, en forma resignada.

 

                     El Estadista, en cambio, debe especializarse en conocer la Naturaleza Humana,  y comprender que la gran mayoría de las personas desean trabajar para mejorar su situación, aunque sepa que existe un pequeño porcentaje de personas que piensa diferente. Y por lo tanto, ha aprendido que la mejor forma de contribuir a que los humanos alcancen los fines que persiguen es a través de irles ayudando a alcanzar sus objetivos. Y la forma mas sencilla de hacerlo, es normalmente haciendo igual que el regante: suprimir los obstáculos o escollos que impiden que el fluido laboral se canalice de la manera mas libre y espontánea posible.

 

 

¿QUIÉNES PONEN PIEDRAS EN EL CAMINO?

 

                          A un regante le disgusta profundamente que alguien ponga piedras – o cualquier otro obstáculo – en el “camino” que libremente tomarían las aguas para llegar al sitio deseado. Sabe que es algo tan estúpido como escupir hacia el cielo, y comprende instintivamente que el que colocó las piedras lo está PERJUDICANDO.

 

                          Pero, curiosamente, los economistas argentinos VIENEN PONIENDO PIEDRA TRAS PIEDRA para impedir que el fluido laboral corra en libertad, y NADIE LES DICE NADA. Al contrario: el vulgo supone que de esa forma están contribuyendo al mejoramiento de la riqueza nacional.

 

             Veamos ejemplos concretos:

 

a)      El trabajo de los humildes: al cobrar un impuesto carísimo llamado aportes sociales (jubilatorios y sindicales) a los sueldos modestos, encarecen de tal forma la mano de obra que a los eventuales patrones NO LES RESULTA CONVENIENTE contratar a los desocupados, y entonces el fluido laboral QUEDA ESTANCADO, es decir, se derrocha y pierde su calidad de LABORAL, para convertirse en energía desaprovechada.

 

b)      Impuesto al cheque del doctor Cavallo: el sistema financiero equivale a un sistema de  permanente movilización y reciclaje del FLUIDO LABORAL: los recursos ociosos (capital acumulado) se vierten sobre una suerte de “pozo común” desde donde puede ser utilizado por otros en forma de créditos. 

      

      Pero cuando un impuesto quita a quien normalmente depositaba sus recursos en el sistema financiero una parte – por mínima que sea – es obvio que está DESALENTANDO el correcto y libre funcionamiento del fluido laboral en beneficio de la producción y de la sociedad. Es exactamente igual que si pusiera piedras en el camino. ¿Qué hace normalmente la gente cuando el Estado la asusta? Retira el dinero de los bancos, con lo cual disminuyen los depósitos y aumenta la alarma en la población. 

 

      Sólo a un Gobernante dirigista inepto se le puede ocurrir semejantes medidas en medio de una crisis económica y de confianza política, cuando la gente sospecha que el Ministro de Economía está intentando modificar la Ley de Convertibilidad para quitarle parte del valor a sus depósitos bancarios. ¿No advierte Cavallo  que al Estado los argentinos le hemos vuelto a TEMER a partir de que  implantó la ridícula inclusión del Euro en la ley de Convertibilidad?

 

c)      Prohibición de hacer pagos en dinero superiores a mil pesos: aquí pasa igual, porque a la gente se le traba su movilidad, se la hace perder tiempo y gastar dinero innecesario. ¿Cómo hace la gente del interior del país cuando quiere hacer compraventas superiores a mil pesos, fuera de horario bancario, en zonas donde nadie los conoce y por lo tanto, no tienen crédito, e incluso, los días en que los bancos no trabajan? ¿qué se supone tiene que hacer la gente?  ¿Decirle a la otra parte: “espera, que hago doscientos kilómetros, te traigo un cheque certificado y dentro de tres días vuelvo, no se te ocurra vender a otro tu producto, por favor” Esto – desde el punto de vista de la energía del trabajo – es  poner no ya piedras, sino montañas en el camino.

 

 

LAS ADUANAS INTERIORES

 

 

                   Quienes redactaron nuestra Primera Constitución  – por ser liberales en serio, y no neoliberales dirigistas como los economistas argentinos de hoy – tenían muy claro el concepto de que el Trabajo era la fuente de toda la riqueza, y que tenían que alentarlo, y al propio tiempo, los gobernantes debían suprimir todos los escollos e impedimentos posibles. Y precisamente para conseguir este objetivo, SE PROHIBIERON LAS ADUANAS INTERIORES, es decir, que los bienes podrían circular entre todas las provincias que conformaban nuestra Nación sin tener que pagar derechos aduaneros: con esto no sólo abarataban costos por impuestos, sino que ahorraban tiempo. Y lo hicieron precisamente porque ese impuesto hubiera sido ESTÚPIDO Y REGRESIVO, porque impedía o dificultaba la libre circulación del Fluido Laboral.

 

                  ¿Qué han hecho nuestros “geniales economistas argentinos” en cambio? Han reimplantado estas aduanas interiores de una forma aún más estúpida y costosa para la sociedad: a través de la implantación del IVA con un recargo del 21 por ciento.

 

                   Esto significa que dentro incluso de la misma ciudad, ahora tenemos “casillas de peaje” para el cobro del IVA, que están a cargo de enormes sectores de la población, que deben trabajar gratis para atender estas exigencias del Estado. Ahora bien: ese impuesto puede no ser un obstáculo o inconveniente para el funcionamiento en algunas de las pocas grandes  empresas argentinas, pero a medida que avanzamos hacia el interior del país y nos internamos en ciudades cada vez mas chicas, luego en pueblos y finalmente en villorios ¿no parece un impuesto inventado por teóricos que desconocen la realidad argentina y nuestra condición de país territorialmente extenso, pero despoblado y además, “subdesarrollado? 

 

                    De esta forma, el fluido laboral argentino es impedido u obstruido por los burócratas economistas que dictan las leyes y reglamentaciones impositivas.

 

 

EL ESTADO PATEA EN CONTRA DE LA SOCIEDAD

 

                   En la medida que para cobrar sus impuestos el Estado ha dictado o mantiene vigentes  legislaciones o resoluciones que impiden que corra libremente el fluido laboral, se está atentando CONTRA EL TRABAJO DE LOS ARGENTINOS. ¿No se parece esto a la figura de “traición a la sociedad” o incluso, a la “Patria”, acaso? Sin embargo, quienes impulsan estas medidas nefastas JAMÁS SON SANCIONADOS COMO MERECEN, y por eso estamos así.

 

               En la CHARLA Nº  ONCE del Cursillo de Economía Criolla se reproduce  un fax enviado al doctor Cavallo, para que advierta que de todos los impuestos malos y nocivos, el peor de todos son los aportes sociales a sueldos de trescientos pesos mensuales o menores, porque literalmente IMPIDEN que los sectores mas humildes consigan trabajo en blanco, porque los costos reales casi se duplican (si incluimos el temor a la legislación laboral por parte de los patrones) y de esa forma SIGUEN AUMENTANDO LA DESOCUPACIÓN Y EL DESEMPLEO: los argentinos cada vez producimos MENOS, por culpa de nuestros economistas, y ellos, lo mas campantes, continúan cometiendo los mismos errores que están destruyendo a la actividad productiva de los argentinos.

 

                   Lo peor, LO MAS TRISTE Y “SUBDESARROLLADO” DEL CASO es que este impuesto jamás podrá ser cobrado, porque precisamente impide que el empleado y el patrón puedan concretar el contrato laboral. Así, la sola existencia del impuesto ocasiona el daño al IMPEDIR QUE CIRCULE EL FLUIDO LABORAL, y de esa forma, tampoco el Estado cobra. A diferencia de otros impuestos, que el Estado sí puede cobrar  aunque arruine al contribuyente – éste arruina a los sectores humildes que quedan sin poder trabajar, pero jamás representará ingreso alguno para el Estado. ¿No es un ejemplo de un impuesto inútil e idiota inventado por idiotas para impedir que la gente trabaje?

 

             ¿LES EXPLICAN A LOS ECONOMISTAS EN LA FACULTAD QUE EL TRABAJO, POR SER UN “FLUIDO PESADO”, DEBE CORRER CON LA MAYOR LIBERTAD POSIBLE, si queremos obtener una mayor producción de bienes y servicios y terminar con la desocupación y el desempleo en Argentina? Lo dudo.

 

             Y por todo esto es que hemos PERDIDO LA CULTURA DEL TRABAJO EN ARGENTINA.

   

 


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